“Es más fácil sufrir que actuar” (Principio terapéutico)
“Saber y no actuar en consecuencia, es no saber en absoluto” (Proverbio Japonés)
En lo psicológico, la mayoría de la gente prefiere continuar sufriendo que hacer algo concreto (actuar) para transformar sus miedos, bloqueos o heridas psicológicas. Creen que ignorar, marginar o negar esas heridas hace que molesten menos. Pero lo que sucede es que se hacen crónicas y se complican con el tiempo. La ignorancia o inconsciencia no impide que esos viejos asuntos no cerrados sigan haciéndonos sufrir innecesariamente. Si se tratan, podemos reducir o hacer desaparecer ese sufrimiento. Muchas veces –porque así lo aprendimos- asociamos sufrir a “hacer méritos” en la vida. En muchos casos utilizamos el sufrimiento en forma de victimismo como sustituto, cuando existe una alternativa. Hay opciones más evolucionadas o maduras.
Ante una herida física buscamos su curación cuanto antes. Sabemos que quizás nos duela mientras nos curan, pero aún así no lo evitamos, ya que si no la tratamos las complicaciones serán más dolorosas. Es evidente que si no se curan las heridas físicas, tarde o temprano tendremos que hacerlo, y cuanto más tarde, mayores serán las consecuencias y el dolor.
Cuando la herida es psíquica sucede lo mismo. Sin embargo tendemos a no hacer nada, por ignorancia o por miedo, pero esto no la transforma. Vivimos muchos años psicológicamente heridos, con nuestro corazón, psique o alma herido, y hacemos realmente poco o nada concreto por tratarlos, salvo “tapar” los síntomas del sufrimiento con ciertas adicciones físicas o relacionales. Excepto en determinados casos o momentos, los productos psicofarmacológicos tampoco son una verdadera solución, sino un alivio temporal de los síntomas. Somos capaces de pagar mucho porque nos curen el cuerpo, pero poca gente invierte algo de verdad para integrarse personalmente, para realizarse, transformar o sanar su sentir, su corazón, su alma. Y andamos por el mundo quejándonos externa o internamente…y/o sintiéndonos víctimas del exterior.
El sufrimiento al que dan lugar estas heridas psíquicas es mayor que en las heridas físicas, ya que el dolor es físico pero el sufrimiento es psicológico. Sus consecuencias además frustran la realización de nuestros anhelos, evitan nuestra realización personal y verdadera felicidad estable. Si la gente supiera lo mucho que se puede hacer por reducir ciertos niveles de sufrimiento psíquico…y tuviera el valor de elegir hacerlo (actuar), lograrían una calidad de Ser y disfrute nunca vivenciada anteriormente.
Las heridas psicológicas, las heridas del alma, pueden y deben ser tratadas igual que las físicas si queremos vivir de verdad una vida plena, consciente y realizada. Es posible hacerlo, lo único que se requiere es la valentía de elegir hacerlo, el valor de actuar.
Son nuestros miedos no reconocidos ni trabajados los que cierran nuestro corazón al amor, el amor a nosotros mismos y a los demás.
Nuestra vulnerabilidad fue traicionada, cuando utilizaron la exigencia, el miedo y la culpa contra nosotros para alienarnos, y cuyas consecuencias fueron entre otras:
- Crear una herida de indignidad, que nos hace sentirnos indignos, no tener derecho o no merecer
- Heridas de separación de la fuente de amor, sentirse abandonado, privado o dejado.
- En general, ningún niño/a se libra de algún ataque a su integridad, inocencia y vulnerabilidad, que derivan en heridas profundas, que se repiten a lo largo de su edad adulta si no se trabajan.
Tenemos miedo a abrirnos porque no queremos sufrir, por eso nos mantenemos desconectados, aunque nos relacionemos mucho, la profundidad o intimidad real están ausentes. Hay un vacío que no es precisamente fértil, y que nos impide ser, expresarnos y realizarnos como realmente nos gustaría. Si no se trabaja tendemos a perpetuar aquellas actitudes, patrones o conductas que nos bloquean o anulan.
En el subconsciente del niño herido (y del adulto herido) existe el miedo no reconocido ni aceptado . El miedo en si no es un problema. El problema es no ser conscientes y la no aceptación de ese miedo. En otros casos somos conscientes de la existencia de esos miedos, y sin embargo los evitamos y no hacemos nada… El viaje del héroe es el atreverse a hacer algo concreto, tener el valor de trabajarlo. El guerrero valiente actúa –avanza- a pesar del miedo.
La evitación, la negación o represión nos mantiene donde estabamos, lo que se complica o sufre más con el tiempo…
Miedos del niño (mantenidos en el adulto herido) ocultados por la no aceptación o por la negación:
- Miedo a la exigencia, a la presión y la expectativas, al mundo material o físico…(Herida elemento Tierra)
- Miedo a la separación, abandono o rechazo, a la falta de amor y de sentir… (Herida elemento Agua)
- Miedo a la incomprensión, a la falta de espacio, incomunicación… (Herida elemento Aire)
- Miedo a Ser uno mismo, al abuso físico, energético, a ser ignorado … (Herida elemento Fuego)
La verdadera intimidad es el lugar donde aparece nuestro niño herido, nuestro miedo (niño aterrado) por eso la evitamos. Perdimos la confianza en las personas y/o en la vida. Si las heridas no se tratan tendemos a cerrarnos a la intimidad. Cerramos nuestro corazón, lo que deriva en un profundo sufrimiento. Eso no es vivir.
Decidimos sobrevivir no tocando esas heridas, con la ingenua y errónea creencia de que así sufriremos menos. Pero así el sufrimiento no desaparece, tiende a aumentar y a perpetuarse. Nadie nos obliga a ello salvo nuestra evitación y negación, así hacemos verdad el principio terapéutico que dice “Es más fácil sufrir que actuar”. Con ello hacemos también verdad otra sentencia que dice: “Cada cual es el artífice de su propia desdicha”.
Pensamos que no hacer algo y aguantar beneficia a los demás. No es así. Ese sufrimiento afecta a quien sufre y a quienes se relacionan con él. Si no es suficiente actuar en nombre propio, deberíamos hacerlo por los demás –incluidos los hijos- y por el propio mundo. No hacerlo implica dejar una herencia herida a nuestros hijos. El héroe es quien tiene el valor de actuar, lo que incluye curar sus heridas para poder avanzar.
SUGERENCIAS PARA ACTUAR (Actuando versus sufriendo)
Responsabilizarse es una opción más elevada que quejarse, victimizarse o aprovecharse del sufrimiento.
La verdad os hará libres (Jesús) – La ignorancia es la raíz del sufrimiento (Buddha). Para conocer hay que vivenciar, hacer tuyo el conocimiento a través de la experiencia, no sólo a través de la mente, libros…no sirve aislarse. La guía externa de alguien que ha hecho ese camino y no te es familiar, ofrece mayor objetividad, perspectiva y potencial para el despertar.
Se sugiere realizar actividades dirigidas a desarrollar mayores niveles de consciencia y autoconocimiento. Ampliar nuestra comprensión y visión es esencial. Para ello hemos de buscar mayor perspectiva y a la vez iniciarnos en una gran herramienta para la salud integral: la Meditación como actitud de vida. Por otro lado, para nuestro nivel persona, los talleres grupales especialmente cuando integran o presentan un enfoque holístico, abierto y no dogmático (consideración integral del ser humano) nos ofrecen experiencias reales y valiosa perspectiva, con la ventaja de los espejos relacionales. Los trabajos grupales son muy valiosos en especial si son especializados o se hacen de forma estable. Aportan muchos elementos para el conocimiento y transformación. Los Retiros nos devuelven a nosotros mismos. Ejemplos de este tipo de actividades y más información en www.valordeser.com
Se trata de dar el paso (actuar), a pesar del miedo a lo desconocido, confiar en la vida y explorar sin excesivo idealismo, perfeccionismo o expectativas. Si nos abrimos a la transformación consciente, esta llegará sin duda. (JIF)

